En las
primeras etapas del desarrollo económico, la posibilidad de que un país alcance
tasas de crecimiento elevadas depende principalmente de la transferencia de
tecnología desde el extranjero. Los países que han experimentado un rápido
crecimiento económico son aquellos que típicamente han sido exitosos adoptando
y adaptando tecnología foránea.
Por
otra parte, en etapas más avanzadas del desarrollo económico, se hace cada vez
más importante que el país genere por sí mismo nuevas tecnologías para mantener
tasas elevadas de crecimiento.
Venezuela
ha capitalizado importantes logros en el área de las TIC. Por ejemplo, el
sector de las telecomunicaciones sólo representaba el 1,64% del PIB no
petrolero en 1993. Una década después, este sector constituye el 4,91% del PIB
no petrolero. De hecho, el sector de las telecomunicaciones ha tenido una
asombrosa tasa de crecimiento durante los últimos diez años: 12,18% interanual.
Incluso, fue uno de los pocos sectores económicos con crecimiento positivo
durante el traumático año 2002.
Sin
embargo, todavía resta mucho camino por recorrer, tal como se desprende del
Reporte de Competitividad Global 2002 elaborado por el Foro Económico Mundial
con sede en Davos. De acuerdo a este estudio, Venezuela ocupa el lugar 53 entre
80 países en el índice de tecnología. Una posición nada halagadora pero
esperanzadora si se compara con otros indicadores como el de instituciones
públicas (puesto 73) o ambiente macroeconómico (puesto 72). En términos del
indicador de tecnología y dentro del contexto latinoamericano, superamos a
todos los países de la Comunidad Andina, pero nos encontramos detrás de Chile,
Argentina, Brasil, México, Costa Rica y Panamá.
Lester
Thurow, en su libro Construir Riqueza, señala que “en la tercera fase del
desarrollo económico, el avance en el conocimiento es fundamental para el éxito
económico. Los grandes adelantos tecnológicos permiten grandes saltos en la
productividad. Se inventan nuevos productos con capacidades nunca antes
soñadas. Surgen nuevos procesos que revolucionan la producción de los antiguos
productos. El cambio veloz pasa a ser la norma. El crecimiento de la
productividad se acelera”.
Tenemos
que superar la brecha tecnológica en relación con nuestros pares
latinoamericanos, invirtiendo en investigación y desarrollo, profundizando la
apertura del sector telecomunicaciones y acercando las TIC a los más pobres.
Sólo así podremos crecer a tasas anuales del 5 y 6%, necesarias para superar el
atraso y reducir la pobreza. Cada vez los recursos naturales tendrán una menor
importancia dentro del mundo globalizado y serán reemplazados por el
conocimiento como generador de riqueza.
Entender
este cambio de paradigma e incorporar masivamente a las TIC dentro de la
mayoría de los procesos productivos y educativos es vital para convertir a
nuestro país en un actor clave dentro de la escena internacional, en la cual el
petróleo cada vez juega un papel menos importante como elemento de desarrollo y
dinamismo económico.

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